Alquiler con moho: cómo reclamar indemnización
Alquiler con moho: cómo reclamar indemnización, reunir pruebas, exigir reparación y pedir rebaja de renta o resolución del contrato.
Índice
- Cuándo el moho es un problema reclamable
- Obligaciones del arrendador y del inquilino ante humedades
- Pruebas clave para reclamar indemnización por moho
- Cómo comunicar el problema y dejar constancia sin errores
- Reparación urgente: medidas mínimas y plazos razonables
- Qué puedes pedir además de la reparación
- Indemnización por moho: daños reclamables y cómo acreditarlos
- Cuánto se puede reclamar: cuantificación y negociación
- Si no hay solución: pasos judiciales y vías habituales
- Errores que arruinan una reclamación por moho
- Preguntas frecuentes
Cuándo el moho es un problema reclamable
El moho en una vivienda alquilada no es solo una cuestión estética. Suele indicar un exceso de humedad persistente y, cuando afecta a paredes, techos, armarios o zonas de descanso, puede comprometer la habitabilidad. En términos prácticos, el punto clave es si el problema limita el uso normal de la vivienda o genera riesgos para la salud, especialmente en dormitorios, salones o estancias sin ventilación adecuada. Si el moho reaparece tras limpiar, si hay olor constante, si la pintura se abomba o se desprende, o si se observan filtraciones, condensaciones severas o manchas que avanzan, suele haber base para exigir reparación y, en su caso, reclamar una compensación.
También es relevante la causa. No es lo mismo un episodio puntual por una mala ventilación ocasional, que una humedad estructural por filtración, puente térmico, defecto de impermeabilización, tubería en mal estado o fachada degradada. Para reclamar indemnización, conviene conectar el daño con una causa atribuible al estado del inmueble o a la falta de mantenimiento del arrendador. Si la vivienda tiene ventilación insuficiente, carpinterías defectuosas, ausencia de aislamiento en paredes frías o filtraciones desde cubierta, el argumento de “es culpa del inquilino por no ventilar” pierde fuerza cuando se documenta que el problema es técnico y recurrente.
Qué ocurre en la práctica
Caso típico: moho negro en esquinas de dormitorio, vuelve a los pocos días de limpiar y el armario huele a humedad. Error frecuente: esperar meses sin comunicarlo formalmente y limitarse a mensajes informales. Recomendación concreta: fotografiar la evolución con fechas, registrar temperatura y humedad si es posible y comunicarlo por escrito solicitando intervención técnica con un plazo claro.
Si el moho impide usar una habitación, obliga a mover muebles, estropea ropa o colchones, o genera síntomas compatibles (tos persistente, irritación ocular o crisis de asma en personas sensibles), el conflicto deja de ser menor y pasa a ser reclamable. La reclamación suele estructurarse en dos bloques: exigir la reparación definitiva y pedir compensación por el perjuicio sufrido durante el tiempo de afectación.
Obligaciones del arrendador y del inquilino ante humedades
En un alquiler de vivienda, el arrendador debe conservar el inmueble en condiciones de habitabilidad. Esto incluye solucionar averías, filtraciones y defectos que no sean imputables al uso ordinario del inquilino. Cuando el moho deriva de problemas constructivos, de mantenimiento o de instalaciones, el deber de reparación suele recaer en la propiedad. Por su parte, el inquilino debe usar la vivienda de forma diligente: ventilar, evitar prácticas claramente nocivas (secado masivo de ropa sin ventilación, taponar rejillas, calefacción nula con humedad elevada durante meses) y comunicar a tiempo los daños o averías que aparezcan.
La discusión habitual gira en torno a la “condensación”. Hay condensación por hábitos, y hay condensación por defectos del inmueble. Para evitar que se convierta en un intercambio de reproches, conviene enfocarlo como un problema técnico con datos: mediciones de humedad relativa, informes, revisión de puentes térmicos, estado de ventanas, ventilación del baño y cocina, y presencia de filtraciones externas. Si el arrendador alega un mal uso, suele ser decisivo mostrar que se han seguido pautas razonables y, aun así, el moho persiste.
Mientras se resuelve, es importante actuar con prudencia en pagos y decisiones. Dejar de pagar la renta por iniciativa propia, sin asesoramiento y sin medidas de consignación o acuerdos, puede volverse en contra. En cambio, documentar, requerir la reparación, pedir soluciones temporales y proponer una reducción proporcional si la vivienda pierde uso, suele construir una posición sólida y negociable.
Qué ocurre en la práctica
Caso típico: el propietario envía a un pintor a “tapar” manchas sin tratar la causa. Error frecuente: aceptar un parche y reiniciar el contador, perdiendo continuidad probatoria. Recomendación concreta: pedir por escrito una solución técnica (fontanero, impermeabilización, especialista en humedades) y dejar claro que pintar sin reparar no resuelve el incumplimiento.
Si el problema proviene de elementos comunes (fachada, cubierta, bajantes comunitarias), la actuación puede requerir intervención de la comunidad. Aun así, normalmente el interlocutor del inquilino es el arrendador, que debe activar las gestiones necesarias. Por eso, tu comunicación debe dirigirse a la propiedad, aunque se mencione que la causa parece común, para evitar que se “diluya” la responsabilidad práctica y se eternice la solución.
Pruebas clave para reclamar indemnización por moho
En una reclamación por moho en alquiler, la prueba es el motor. Hay que demostrar tres cosas: existencia del problema, duración e impacto, y vínculo con una causa atribuible al estado del inmueble o a la falta de actuación del arrendador. Empieza por lo básico y constante: fotografías y vídeos con buena luz, planos generales y primeros planos, y repetición en el tiempo para mostrar evolución. Si puedes, incluye un elemento de referencia (una regla o moneda) para dimensionar manchas, y registra fechas de forma ordenada.
Aporta además pruebas de humedad: mediciones con higrómetro (capturas con fecha), comprobantes de compra o alquiler de deshumidificador, facturas de limpieza especializada y comunicaciones con el arrendador. Si el moho dañó bienes (ropa, calzado, colchón, muebles), conserva fotos, tickets y, si procede, un listado valorado con antigüedad y coste aproximado. No se trata de inflar, sino de ser creíble.
Las pruebas técnicas elevan el caso. Un informe de un técnico en humedades, arquitecto técnico o empresa especializada que identifique origen probable (filtración, puente térmico, falta de aislamiento, fuga) es muy útil. Si existe informe de seguros, también suma. En temas de salud, evita afirmaciones tajantes si no hay soporte médico: basta con aportar informes de atención primaria o urgencias que recojan síntomas compatibles y el contexto de exposición, sin necesidad de entrar en diagnósticos complejos.
- Fotos y vídeos seriados con fechas y ubicación clara dentro de la vivienda.
- Mediciones de humedad relativa y temperatura en la estancia afectada.
- Parte de avería, asistencia de seguros, presupuestos y facturas de reparación o limpieza.
- Inventario de daños en enseres con justificantes cuando sea posible.
- Informe técnico que describa causa y medidas correctoras.
- Comunicaciones escritas con el arrendador y respuesta (o silencio).
Qué ocurre en la práctica
Caso típico: el inquilino limpia con lejía, pinta y pierde el “antes”. Error frecuente: no guardar capturas de conversaciones ni correos, y luego no poder acreditar plazos. Recomendación concreta: antes de intervenir, documenta; después, documenta el resultado; y guarda una carpeta única con todo, incluyendo pantallazos y recibos.
Cuanto más ordenada sea la prueba, más fácil será negociar una solución sin juicio. Y si hay que llegar a juicio, ese orden marca la diferencia entre “una queja” y “un caso demostrable”.
Cómo comunicar el problema y dejar constancia sin errores
La comunicación debe ser clara, escrita y con una petición concreta. El objetivo es doble: lograr la reparación y fijar un momento de conocimiento del arrendador. Empieza con un mensaje formal por correo electrónico o por un medio que deje rastro. Si el arrendador no responde o minimiza, conviene escalar a un requerimiento fehaciente. En la práctica, se usa con frecuencia el burofax con certificación de contenido, aunque también pueden servir otros medios fehacientes según el caso.
Qué debe incluir tu comunicación: descripción de la ubicación del moho (habitación, pared, techo), fechas aproximadas de aparición, impacto (olores, imposibilidad de usar la estancia, daños en muebles), y solicitud de intervención técnica para determinar la causa y ejecutar reparación definitiva. Añade un plazo razonable. La palabra “razonable” se vuelve importante: si hay riesgo sanitario o filtración activa, el plazo debe ser más corto. Si es un problema progresivo pero estable, el plazo puede ser algo más amplio, pero siempre concreto.
Evita acusaciones y mantén un tono funcional. No es el momento de debatir culpabilidades, sino de activar la solución y el registro. Acompaña fotografías y ofrece disponibilidad para visitas. Si ya has intentado medidas de ventilación y limpieza básica, indícalo de forma simple. Si hay menores, personas con asma o estancia principal afectada, también es relevante mencionarlo sin dramatizar.
- Describe el problema y su evolución, adjuntando fotos.
- Solicita visita técnica y reparación definitiva, no solo pintura.
- Fija un plazo y pide confirmación por escrito.
- Advierte que, de persistir, pedirás compensación por la pérdida de habitabilidad.
Qué ocurre en la práctica
Caso típico: “ya pasaré cuando pueda” y semanas sin noticias. Error frecuente: no fijar fecha límite, lo que permite dilaciones indefinidas. Recomendación concreta: comunica una propuesta de dos o tres franjas horarias y un plazo máximo para la visita, dejando claro que el problema sigue activo.
Si el arrendador responde culpando al inquilino, no entres en un intercambio infinito. Reitera la solicitud de inspección técnica y aporta datos objetivos. La discusión se gana con pruebas, no con opiniones.
Reparación urgente: medidas mínimas y plazos razonables
La reparación del moho no es “limpiar y pintar”. Si no se corrige la causa, reaparece. Por eso, cuando pidas reparación, concreta que debe incluir diagnóstico y medidas correctoras. En humedades por filtración puede requerirse impermeabilización, sellado de fisuras, revisión de cubierta, bajantes o juntas. En condensación severa puede requerirse mejorar ventilación, solucionar puentes térmicos, reparar ventanas, o aportar sistemas adecuados. Cada vivienda es un mundo, y tu reclamación debe pedir el resultado: eliminar la causa y restaurar habitabilidad.
Qué es “urgente” depende de la gravedad. Hay urgencia real si hay filtración activa, riesgo eléctrico, desprendimiento de materiales, o moho en dormitorio de uso imprescindible. También si hay olores fuertes y es imposible dormir en esa estancia. En esos casos, un plazo corto para inspección y actuación inicial es razonable. Si la actuación definitiva tarda por obra o coordinación con comunidad, se pueden pedir medidas temporales: deshumidificación, aislamiento provisional, reubicación de cama o mobiliario, o limpieza profesional que reduzca la exposición mientras se ejecuta la obra.
Si el arrendador no actúa, es tentador contratar por cuenta propia. Antes de hacerlo, conviene valorar dos riesgos: que te discutan la necesidad o el precio, y que te acusen de intervenir sin autorización. En casos claros y con comunicación previa, puede ser viable, pero lo ideal es dejar constancia escrita de la urgencia, pedir autorización o intervención inmediata y, si no hay respuesta, actuar de forma proporcionada. Cuando el objetivo es indemnización, la proporcionalidad importa: una limpieza especializada justificable suele ser más defendible que una obra compleja unilateral.
- Exige diagnóstico técnico y medidas contra la causa, no solo estética.
- Pide medidas provisionales si la reparación definitiva se retrasa.
- Guarda presupuestos y elige opciones razonables y comparables.
Qué ocurre en la práctica
Caso típico: la propiedad ofrece “pintura antimanchas” como solución final. Error frecuente: aceptar sin exigir prueba de que se trató el foco (fuga, filtración, aislamiento). Recomendación concreta: solicita por escrito el parte del profesional con causa detectada y trabajos realizados, y documenta si el moho reaparece en semanas.
Cuanto más claro sea el hilo temporal (comunicación, visita, medidas, resultado), más fácil será sostener una petición de rebaja de renta o indemnización por el periodo afectado.
Qué puedes pedir además de la reparación
En un alquiler con moho, el primer objetivo es recuperar una vivienda habitable. Pero si la situación se prolonga, hay opciones adicionales que suelen plantearse: reducción proporcional de la renta por pérdida de uso, compensación por gastos asumidos, e incluso resolución del contrato si la vivienda resulta impropia para el uso pactado o el arrendador incumple de forma persistente. Lo importante es elegir una estrategia coherente con tu objetivo real: continuar en la vivienda con condiciones dignas, o salir sin penalización y con compensación por el perjuicio.
La rebaja de renta se apoya en una idea sencilla: si una parte de la vivienda no se puede usar, el valor del arrendamiento se reduce. Para sostenerla, debes demostrar la limitación: dormitorio inutilizable, salón con humedad constante, armario que estropea ropa, o necesidad de mantener ventanas abiertas con pérdida de confort. La rebaja puede negociarse como un porcentaje mientras dure la afectación, o como una devolución retroactiva por meses en los que el problema estuvo presente y el arrendador no actuó diligentemente.
La resolución del contrato suele ser la última opción cuando el moho es grave y la solución no llega, o cuando la reparación exige obras incompatibles con la vida diaria. Si optas por resolver, conviene hacerlo con soporte probatorio y comunicación formal. El objetivo es evitar que te reclamen penalizaciones por desistimiento o rentas pendientes, y encauzar la salida por incumplimiento de la parte arrendadora.
Otra posibilidad es pedir alojamiento alternativo o compensación por realojamiento si la vivienda no se puede habitar temporalmente. No siempre se concede de forma automática, pero es negociable cuando hay una afectación seria y acreditada. En todo caso, evita decisiones impulsivas: abandonar de un día para otro sin documentar puede complicar la reclamación.
Qué ocurre en la práctica
Caso típico: el inquilino se va “por salud” y luego le reclaman mensualidades por no preavisar. Error frecuente: no acreditar que la vivienda era inhabitable o que se pidió reparación antes. Recomendación concreta: antes de marcharte, deja constancia fehaciente, documenta la gravedad y plantea una salida pactada o justificada por incumplimiento.
Si tu prioridad es seguir en la vivienda, una negociación bien planteada combina tres elementos: plan de reparación, fechas, y compensación proporcional por el tiempo de afectación. Si la prioridad es salir, enfoca la comunicación en la imposibilidad de uso y la necesidad de resolver sin penalización.
Indemnización por moho: daños reclamables y cómo acreditarlos
La indemnización por moho en un alquiler suele basarse en daños y perjuicios. No basta con que “haya moho”, sino que debe haber un perjuicio concreto y demostrable. Los daños más habituales son materiales: ropa, calzado, libros, muebles, colchones, cortinas y objetos almacenados que se deterioran o adquieren olor persistente. Para reclamarlos, ayuda disponer de pruebas de estado previo (fotos antiguas, facturas si existen) y del estado posterior, junto con presupuestos de limpieza, restauración o reposición.
También son reclamables gastos derivados del problema: productos de limpieza específicos, contratación de limpieza profesional, alquiler o compra de deshumidificador, incremento de consumo eléctrico razonable por deshumidificación, y, en su caso, gastos de alojamiento alternativo si la vivienda no se pudo usar. Aquí la clave es la proporcionalidad y el nexo: que se vea que el gasto era necesario para mitigar el daño y que el arrendador fue informado o tuvo oportunidad de actuar.
El componente de salud es el más delicado. No siempre es fácil demostrar causalidad entre moho y síntomas, especialmente sin informes médicos. Aun así, si hay episodios de asma, alergias o irritaciones recogidas en partes médicos, y se acredita una exposición continuada, puede sostenerse una reclamación, al menos como perjuicio y gasto sanitario, con prudencia y sin exageraciones. Si se pretende una indemnización relevante por salud, suele ser recomendable un enfoque pericial médico o, como mínimo, un historial clínico consistente y correlacionado en el tiempo.
Además, puede reclamarse el perjuicio por pérdida de habitabilidad, que se refleja en una reducción de renta, devolución parcial o compensación. Aunque a veces se discute si esto es “indemnización” o “ajuste”, en la práctica se negocia como una cantidad por mes afectado, especialmente cuando el arrendador tardó en actuar o ofreció soluciones insuficientes.
- Daños materiales en enseres y mobiliario, con fotos y valoración.
- Gastos de mitigación: limpieza, deshumidificación, consumos razonables.
- Gastos de realojamiento si la vivienda fue incompatible con el uso.
- Pérdida de uso: compensación o rebaja proporcional de la renta.
- Salud: informes médicos y coherencia temporal, con enfoque prudente.
Qué ocurre en la práctica
Caso típico: ropa que huele a humedad aunque se lave, colchón afectado y facturas de limpieza. Error frecuente: reclamar una cifra global sin desglose, lo que invita a discutirlo todo. Recomendación concreta: desglosa por conceptos, aporta justificantes y añade un resumen claro de fechas y estancias afectadas.
Un planteamiento sólido suele combinar petición de reparación, compensación por pérdida de uso y reembolso de gastos justificados. Con ese trípode, la negociación es más efectiva y la vía judicial, si llega, es más predecible.
Cuánto se puede reclamar: cuantificación y negociación
La pregunta habitual es “cuánto me corresponde”. No existe una cifra única, porque depende de la intensidad del problema, del tiempo transcurrido, de la conducta del arrendador y de los daños acreditados. Para negociar con seriedad, conviene construir una cuantificación por capas. Primera capa: gastos y daños directos con prueba (facturas, presupuestos, reposiciones). Segunda capa: pérdida de uso, traducida en porcentaje de renta o cantidad mensual. Tercera capa: perjuicios adicionales (salud o realojamiento) cuando hay soporte suficiente.
Para la pérdida de uso, un criterio práctico es valorar qué parte de la vivienda quedó afectada y cómo. No es igual una mancha en un trastero que un dormitorio inutilizable. Una forma razonable es proponer una rebaja proporcional, por ejemplo, una cantidad mensual mientras la estancia no sea usable. Para sostenerlo, describe por qué no se usa: olor, manchas, humedad medida, empeoramiento con lluvia, o necesidad de mantener deshumidificador continuo. Si el problema dura meses, una devolución retroactiva puede ser defendible, siempre que la comunicación y la prueba acompañen.
En la negociación, la credibilidad manda. Si presentas una cifra desproporcionada sin desglosar, el arrendador suele cerrarse. Si presentas un documento breve con cronología, fotos, informes y una tabla simple de conceptos, la otra parte tiene algo concreto que discutir y suele preferir un acuerdo a una disputa incierta. También ayuda ofrecer soluciones: permitir obras en horarios razonables, proponer técnico neutral, o pactar una rebaja temporal hasta la reparación.
Si hay seguro del hogar del arrendador, a veces se puede canalizar parte del reembolso por esa vía, especialmente en filtraciones. Pero no conviene confiar solo en ello. Tu reclamación debe sostenerse igualmente frente al arrendador, que es tu contraparte contractual.
Qué ocurre en la práctica
Caso típico: el arrendador ofrece una limpieza y “ya está”. Error frecuente: aceptar sin cerrar la compensación por meses previos o sin fijar obra definitiva. Recomendación concreta: negocia por escrito un paquete completo: diagnóstico, reparación, calendario y compensación (rebaja o devolución) con fechas.
Si no hay acuerdo, la cuantificación preparada desde el inicio evita improvisar. Un juez, un mediador o incluso la otra parte necesitan números y soporte, no solo indignación. Por eso, el desglose es tu mejor aliado.
Si no hay solución: pasos judiciales y vías habituales
Cuando el arrendador no repara o la reparación es un parche, el conflicto puede terminar en vía judicial. Antes de llegar ahí, suele convenir un último requerimiento formal con propuesta de solución y advertencia de acciones. A veces, una mediación o negociación asistida resuelve lo que meses de mensajes no han resuelto. Si no funciona, la demanda puede pedir varios pronunciamientos: obligación de realizar obras, compensación económica y, si procede, resolución del contrato.
La vía concreta depende de lo que se pida y de la cuantía. Si lo principal es una cantidad por daños, suele plantearse como reclamación de cantidad, apoyada en informes y facturas. Si lo principal es la reparación u obligaciones de hacer, la estrategia cambia y el enfoque probatorio es más técnico. En ocasiones, se solicita medida urgente cuando hay riesgo y se acredita gravedad, pero esto requiere un análisis específico del caso y de la prueba disponible.
Lo que marca la diferencia es la preparación del expediente: cronología, comunicaciones, fotos seriadas, mediciones, informes técnicos y desglose económico. Sin eso, la discusión se convierte en “tu palabra contra la mía”. Con eso, la discusión se vuelve técnica y cuantificable. También es importante definir qué quieres conseguir: seguir en la vivienda con reparación y compensación, o salir con resolución y devolución. Una demanda incoherente, pidiendo todo a la vez sin prioridades, suele diluir la fuerza del caso.
Ten en cuenta que los tiempos judiciales pueden ser largos. Por eso, si sigues en la vivienda, conviene tomar medidas de mitigación razonables y dejar constancia de que no se está aceptando la situación como normal. Y si te vas, conviene documentar el estado final y asegurar la devolución de llaves y un cierre ordenado, para evitar conflictos paralelos (fianza, rentas, desperfectos).
Qué ocurre en la práctica
Caso típico: demanda sin informe técnico y con fotos sueltas, la otra parte niega la causa y todo se complica. Error frecuente: esperar a “ver si mejora” y perder el mejor momento probatorio. Recomendación concreta: si en pocas semanas no hay plan serio de reparación, encarga un informe técnico breve y deja un requerimiento formal con plazo.
Si te planteas una acción judicial, suele ser buena idea revisar antes tu posición contractual, pagos, estado de la fianza, y cualquier incidencia previa. Así evitas que el arrendador desvíe el foco hacia otro conflicto y se degrade la negociación.
Errores que arruinan una reclamación por moho
Muchos casos con base razonable se debilitan por errores evitables. El primero es no comunicar a tiempo. Si pasan meses y solo hay conversaciones informales, el arrendador puede alegar desconocimiento o falta de oportunidad de reparar. El segundo error es limpiar, pintar o hacer obras sin documentar el estado previo. Entiendo la urgencia de vivir sin manchas, pero la prueba suele estar precisamente en ese “antes” que desaparece.
Otro error frecuente es dejar de pagar la renta como medida de presión. Puede parecer lógico, pero jurídicamente puede abrir la puerta a una reclamación por impago y a un procedimiento de desahucio, dependiendo del contexto. Si se pretende una reducción o compensación, lo prudente es negociar, dejar constancia, y, si se considera viable, hacerlo con asesoramiento y mecanismos adecuados para evitar riesgos innecesarios.
También perjudica mezclar argumentos. Si hoy dices que es una filtración, mañana que es un problema de ventilación, y pasado que es la comunidad, pierdes coherencia. No hace falta tener la causa cerrada desde el día uno, pero sí mantener una línea: “hay humedad persistente y moho, solicito diagnóstico técnico y reparación definitiva”. La causa exacta se confirmará con inspección e informe.
Por último, reclamar cifras sin soporte invita a la confrontación. Es mejor pedir menos, pero defendible, que pedir mucho sin pruebas. Un desglose razonable, con documentos, suele cerrar acuerdos más rápido que una cantidad global sin explicación.
- No comunicar o no hacerlo por escrito con fecha.
- Eliminar el moho sin fotografiar y sin guardar evidencia.
- Aceptar pintura como solución final sin tratar la causa.
- Dejar de pagar la renta sin estrategia ni respaldo documental.
- No desglosar daños y gastos, o inflarlos sin prueba.
Qué ocurre en la práctica
Caso típico: se limpia a fondo y, cuando se reclama, ya no hay fotos del estado inicial. Error frecuente: confiar en que “se nota el olor” y que eso bastará. Recomendación concreta: crea un registro de evidencias desde el primer día y repite fotos cada semana hasta la solución.
Evitar estos errores no solo mejora la opción de ganar, también acelera la solución. Cuando el arrendador ve un expediente serio, suele moverse antes para reparar y pactar una compensación razonable.
Preguntas frecuentes
¿Puedo reclamar indemnización si el propietario dice que es por condensación y mala ventilación?
Sí, pero necesitarás pruebas. Si acreditas que ventilas de forma razonable y, aun así, hay humedad persistente, manchas recurrentes o mediciones elevadas, conviene un informe técnico que identifique causas del inmueble (puente térmico, falta de aislamiento, ventanas defectuosas o ventilación insuficiente).
¿Es suficiente con fotos para reclamar por moho en alquiler?
Las fotos ayudan mucho, pero lo ideal es complementarlas con comunicaciones escritas, mediciones de humedad, presupuestos o facturas, y, si el problema es serio o persistente, un informe técnico. La combinación es lo que convierte una queja en una reclamación sólida.
¿Puedo pedir rebaja de renta mientras hay moho?
Es una opción habitual cuando hay pérdida real de uso. Lo recomendable es solicitarla por escrito, justificar la afectación (estancia inutilizable o uso limitado) y proponer un porcentaje o cantidad mensual razonable mientras dure el problema, sin dejar de documentar.
¿Qué hago si el propietario solo quiere pintar por encima?
Responde por escrito que la pintura no soluciona la causa y solicita diagnóstico técnico y reparación definitiva. Si aceptas un parche, documenta que es una medida provisional y controla si el moho reaparece. Si reaparece, la prueba de reincidencia suele ser muy convincente.
¿Me conviene irme del piso si hay moho?
Depende de la gravedad y de si hay respuesta. Si decides irte, procura documentar el estado, comunicar formalmente la causa, y encauzar la salida para evitar reclamaciones por preaviso o rentas. Si la prioridad es quedarte, centra la estrategia en reparación con calendario y compensación por el tiempo afectado.
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